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Una Madonna en plena forma arranca con sobresaliente su gira mundial

Provocadora, dura, intimista, juguetona y muy sexy, a sus 50 primaveras, una Madonna con mil caras y en plenas facultades se mostró en Cardiff más joven que nunca para dejar boquiabiertos a los miles de incondicionales que se rindieron al arranque sobresaliente del «Sticky & Sweet Tour», la gira mundial de la indiscutible soberana del pop.

Madonna aún no ha encontrado sustituta y así lo dejó claro la estrella estadounidense. La diva ya no recurre a la pornografía; no finge que se masturba en el escenario ni provoca al clero. La cantante exhibe ahora su yo más atlético: salta a la comba, se retuerce con movimientos imposibles o se convierte en boxeadora.

Siempre acompañada por una escolta de bailarines acrobáticos, le tocó el turno a «Beat Goes On», con la presencia virtual en las pantallas de fondo de Pharrell William y para seguir abriendo boca, no faltó tampoco la Madonna más decadente: la que se paseaba montada en un lustroso descapotable blanco, coreada por el rapero Kayne West (que la acompañó virtualmente).

Con «Human Nature», Madonna proyectó el vídeo musical grabado con su amiga Britney Spears, quien pierde los nervios encerrada en un ascensor, ataviada con una sudadera negra.

Hasta entonces, la artista caldeaba el ambiente.

Con un público variopinto en el que abundaban los sombreros de vaquero rosa, grupos de treintañeras y su legión de incondicionales gay, desató el frenesí con un guiño a los 90′ con «Vogue» precedido del «tic tac» que salpica a «4 Minutes».

La Madonna gitana se dejó ver en la tercera parte del espectáculo, en la que la diva no salió por bulerías, pero casi. Tras una melódica interpretación de «Devil Wouldn’t Recognize», la Madonna más española cantó «Spanish Lesson» vistiendo a sus chicos de monjes. Todo para no defraudar a los miles de congregados.

No faltaron, claro, las imágenes recurrentes hacia las que tiende la norteamericana y con las que se empeña en concienciar al planeta con fragmentos de países en conflicto, de niños soldado, de políticos. Su lado más comprometido que finiquitó con la imagen del candidato demócrata a las elecciones estadounidenses: Barak Obama.

En el Millenium Stadium retumbó por enésima vez el repetitivo «tic tac» de «4 Minutes», el famoso tema que canta junto con Justin Timberlake (sólo acompañando desde las imágenes de un vídeo) y con él, Madonna puso la guinda a estas dos horas de frenesí pop sin olvidarse del guiño nostálgico en «Like A Prayer» y «Ray Of Light», donde estuvo más comunicativa.

La versión rock de la discotequera «Hung Up» (del álbum anterior, Confessions On a Dancefloor) y el club tecnho en el que la artista convirtió el escenario para dar rienda suelta a «Give It 2 Me» despidieron el show.

Un enorme «Game Over» puso punto y final al despliegue de estas mil Madonnas. Un colofón grandioso para la Ciccone, que llegará a España el 16 de septiembre, a Sevilla y a Valencia, el día 18 de ese mes, y que demostró que los 50 le sientan como anillo al dedo.

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