Tradición une a miles en devoción

«Estoy aquí por la fe» dijo convencido José Cruz, residente de Pasadena, quien con una guitarra en mano se preparaba para interpretar melodías a la Virgen de Guadalupe en una procesión que congrego ayer a aproximadamente 25 mil personas en el Este de Los Ángeles.

La procesión y misa en honor a la Guadalupana dejó ver una extensa mezcla de culturas y tradiciones, cada una con el mismo objetivo de demostrar la devoción a la Reina de las Américas, como también se le conoce a la Guadalupana. El padre Antonio Garnica, párroco de la iglesia del Sagrado Corazón y Santa María de Guadalupe en Cudahy, comento sobre esta unión de los católicos cuando se trata de venerar a la virgen de Guadalupe.

«Ella ha tenido una gran influencia en la integración de México como nación. Es el símbolo que une nuestra idiosincrasia y da cohesión a nuestra cultura como país. No veríamos lo que hoy sucede aquí sin Santa María de Guadalupe», afirmo el clérigo.

Con casi 80 años de tradición, la procesión reune a las parroquias de la Arquidiócesis de Los Ángeles cada año el primer domingo de Diciembre. De esta manera cada una de las parroquias pueden celebrar en su propia comunidad el 12 de diciembre, día en que se celebrara este año el 479 aniversario de la aparición de la Virgen del Tepeyac.

«El tema de este año, Mis Hijos Unidos, nos recuerda la importancia de mantener a nuestras familias unidas entre la comunidad inmigrante donde miles corren el riesgo de ser separados por falta de una reforma migratoria. Le pedimos este día su intercesión a ‘nuestra morenita’ en nombre de todos nuestros hermanos inmigrantes.», dijo el Arzobispo Coadjutor de la Arquidiócesis de Los Ángeles, José H. Gómez quien celebró la misa en el estadio del Colegio del Este de Los Ángeles y camino una milla junto con miles de feligreses en la procesión religiosa establecida en 1931, la más antigua de Los Ángeles.

María Sánchez encabezaba la procesión acompañada de sus hijos gemelos, Bryan y Alex. Este ultimo sufre de parálisis cerebral y epilepsia, enfermedades que le impiden caminar pero que no le impidieron sostener la antorcha Guadalupana durante la procesión, lo que su madre María calificó como un privilegio de Dios. «Yo había tenido revelaciones en sueños de una procesión y ahora puedo dar testimonio ante la gente de mi iglesia de que mi hijo ha sido bendecido por la virgen de Guadalupe porque ya empieza a pararse y a intentar caminar. Es un milagro de nuestra Santa Madre», aseguró Sánchez.

Decenas de caravanas de gente caminaban tras las carrozas que representaban la aparición Guadalupana. Acompañados de mariachis y música de tambores, danzantes aztecas y personas con atuendos indígenas vitoreaban, «!Viva la Virgen de Guadalupe! Unos simplemente cumplían con su devoción y otros como Henry Lezama, quien cargaba en hombros a su pequeño hijo Miguel Ángel, cumplía con una «manda»:

«Le prometí a la Virgen que si salvaba a mi hijo de su peligrosa operación del corazón, lo iba a vestir de Juan Diego y lo iba a traer conmigo cada año a esta procesión, y me lo concedió», afirmo Lezama.

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