Siete consejos contra los caprichos

Siete consejos contra los caprichos

La buena noticia es que a un niño caprichoso se le puede corregir, siempre que se rectifiquen los comportamientos inadecuados que han llevado a esa situación. Estas son algunas de las principales recomendaciones que apuntan los especialistas para evitar que un niño se vuelva caprichoso o para conseguir que deje de serlo:

 

  • Enseñarle a ser consecuente con sus caprichos: es preciso que el niño entienda la diferencia entre capricho y necesidad. Si se cede ante un juguete, hay que evitar sustituirlo por otro en cuanto se aburra; tendrá que conformarse con ese por una larga temporada. Si se cede ante cualquier antojo de alimentación, hay que procurar que no lo deje nunca sin terminar, aunque descubra que su sabor no es el que esperaba. De este modo, la próxima vez se pensará algo más las cosas antes de pedirlas.
  • Poner normas y límites a tiempo: las normas y límites ayudan a los niños a saber lo que deben y lo que no deben hacer. Y cuanto antes se utilicen, mejor las entenderá. Para evitar los caprichos diarios, se han de instaurar determinadas rutinas como comprar chucherías solo los domingos o regalar un juguete en un momento u ocasión especial (cumpleaños, buenas calificaciones, etc.).
  • Técnica del despiste: con los más pequeños, la solución más rápida y efectiva para evitar las situaciones incómodas en las que reclama un capricho es aplicar la técnica del despiste, es decir, buscar una alternativa que no responda a sus antojos, pero que sea atractiva para distraerle y hacerle olvidar el objeto de deseo.
  • Todos por igual: es importante que la labor de educar para evitar los caprichos se lleve a cabo de la misma forma por parte de ambos progenitores. Si uno de ellos siempre se muestra más permisivo que el otro, es probable que el niño termine por acudir siempre a él ante una negativa de un capricho que, al final, se le concederá.
  • Cuidado con las excepciones: es habitual que determinados familiares o amigos adultos sean más permisivos con los niños y cedan a sus caprichos. No hay que prohibirles esta actitud, pero sí es necesario hacer entender al niño que son situaciones excepcionales, que no se debe exigir lo mismo en todas las ocasiones.
  • Trabajar las recompensas: cuando el niño tenga un capricho, se le puede imponer la realización de una tarea concreta o el logro de un determinado objetivo para poder conseguirlo. De esta forma, aprenderá a apreciar el valor del esfuerzo por obtener las cosas y, en muchos casos, se dará cuenta de si la necesidad de poseerlo era real o no.
  • Buscar otras alternativas: en ocasiones, los caprichos son tan solo una forma de reclamar mayor atención por parte de los adultos. Por eso, la mejor alternativa al capricho es muchas veces una recompensa inmaterial que represente una forma de pasar más tiempo con el pequeño. Cambiar un paquete de patatas por un buen rato con una madre o un padre en algún lado fuera de casa puede ser la solución adecuada para muchos niños.
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