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¿Qué pasó con el deseo sexual?

Si bien antes sólo se atribuía a las mujeres “el no tengo ganas” y en consecuencia evadían el encuentro sexual, hoy es una consulta habitual que realizan los varones. Cabe recordar que el deseo sexual femenino es diferente del masculino que se presenta de manera más constante y aparece, más frecuentemente “en automático”. Posiblemente ello no sólo depende de características sociales sino de otras particularidades muy antiguas, inscriptas en los códigos genéticos. En las mujeres, el deseo es mucho más variable y fuertemente selectivo y por lo general es la situación interpersonal, fuera del dormitorio, la que tiene mucha importancia y puede hacer fracasar cualquier escena sexual.

Muchas parejas, ya de adultos, renuncian a sus propias fantasías, a la diversión, la irreverencia y al humor sexual, que son componentes de la perpetuidad del deseo sexual. Entre la crianza de los hijos y la exigencia laboral, la libido se pone en otro lado. Actualmente las personas están sujetas a códigos que exigen el ejercicio de las funciones vitales y pocas veces se repara en el placer.

Y cuando el deseo desaparece, el encuentro con el otro puede convertirse en rutina, en un momento de tensión o en algo muy diferente de la pasión.

Posibles causas de la falta de deseo en una pareja:

Si bien hay que pensar muchas veces en términos de muchas causas, algunas de las más comunes son:

Las permanentes y continuas peleas conyugales, las frustraciones repetidas por impotencia, eyaculación precoz o por haber fingido el orgasmo durante años, van llevando a la baja del deseo como una manera de evitar el fracaso.
Los problemas derivados de una educación prohibitiva, donde el goce era pecado y en consecuencia merecedor del peor castigo.
Las luchas de poder dentro de la pareja y los sentimientos de minusvalía, así como la sensación de no ser respetado ni escuchado por el compañero culminan en resentimiento e ira, sentimientos estos que disminuyen el deseo.

El temor a la intimidad.
Las llamadas crisis vitales: irse de la casa de los padres, jubilación, cumpleaños (los 40, los 50), casamiento, embarazo, post-parto, el nacimiento de los hijos. También otras situaciones de vida relacionadas con pérdidas familiares, laborales, amorosas, económicas, pueden llevar a la disminución de la libido.
Los cuadros depresivos.
Los conflictos neuróticos relacionados al placer y al éxito disminuyen el deseo
Todo descenso hormonal impacta en la esfera sexual: la etapa del deseo está influenciada por la testosterona que es la hormona del deseo, en los dos sexos. Esta hormona es producida en los testículos y en las suprarrenales en el varón y en la mujer sólo en estas últimas. El hipotiroidismo (menor producción de hormonas por la tiroides) o el aumento de la prolactina (hormona de la hipófisis) también pueden deprimir el deseo.
Hay varios medicamentos que deprimen la libido y la capacidad eréctil u orgásmica: los fibratos (usados para bajar el colesterol), los betabloqueantes y antihipertensivos, la sulpirida y la cimetidina (de empleo en afecciones gastroduodenales), los diuréticos, los antiandrogénicos (de uso en problemas prostáticos y ahora los propuestos para tratar la calvicie).
El consumo abusivo, permanente y crónico de tóxicos, drogas y cigarrillos disminuyen la salud y, usualmente, causan trastornos erectivos y orgásmicos o DSI

¿Qué podemos hacer para “prevenir esta falta de deseo”?

El deseo no responde a voluntad, se necesita para activarlo una serie de factores, situaciones excitantes con otra persona y también un cierto acompañamiento mental propio que a veces se inhibe cuando se lo fuerza. El funcionamiento mental tiene que estar entonado con lo que está pasando para que el deseo aparezca y a veces pensamientos distractivos o preocupaciones impiden que se dé esa necesaria concordancia.

Aun las buenas relaciones pueden perder su atractivo sexual cuando se prioriza el trabajo u otras obligaciones, en desmedro de la intimidad. Para preservar sentimientos sólidos de intimidad, los miembros de la pareja deben disponer de momentos especiales para estar juntos, sin relegarlos al «tiempo sobrante» de otras tareas que no les dejan energía disponible.

¿Cómo volver a desear?

El deseo, el gran motor que pone en marcha la excitación, el orgasmo y el placer, no es un don con el que se nace. El deseo se desgasta si no se es hábil, si no se tienen permisos sexuales para jugar en pareja y si no se tiene cierta educación sexual.

Uno de los primeros pasos a tener en cuenta para reavivarlo es defender un espacio privado. Saber que el sexo requiere tiempo. Si se espera hasta las 12 de la noche para tener ganas de mejorar el deseo sexual, lo más probable es que la opción elegida sea dormir.
Para los que no puedan desengancharse de las obligaciones, lo mejor es hacer un plan para la intimidad con el otro fuera de la casa que comparten.
Aprender a pedir las cosas que gustan y decir lo que a uno no le gusta. Si el otro se olvida, hay que repetírselo sin que se ofenda.
Las fantasías son los mejores afrodisíacos. Siempre son ideales para aumentar el deseo.
No perder el erotismo. La literatura y las películas eróticas (que no es lo mismo que las pornográficas) también son útiles.
Los besos deben estar incluidos en este menú.
Hay que cuidar el cuerpo: el aumento excesivo de peso puede hacer que uno se sienta menos atractivo para el otro.
A veces, las vacaciones son un buen momento para reconstruir la magia. Cuando se está más distendido, el juego erótico -que está muy influido por factores externos- surgirá con más fluidez.
Saber que la pasión del primer momento no dura para siempre. Salvo excepciones.
Si los intentos no funcionan hay que pedir ayuda a un especialista.

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