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México: monumentos en peligro

Esto debido a los daños ocasionados por factores naturales como el sol, la lluvia y el frío, pero sin dudas también por el impacto que genera la visita de millones de turistas que llegan de todo el mundo a conocer los monumentales vestigios. La estrategia consiste en establecer planes para resguardar la integridad física del visitante, y que éste pueda apreciar y conocer el sentido cultural de los sitios a través de rutas especiales. Disminuir el flujo Dependiendo del sitio arqueológico y del cuidado que éste requiera se optará por limitar el ascenso a las estructuras, adviertió el Coordinador Nacional de Centros Arqueológicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, José Vicente De La Rosa. «Estamos siendo muy rigoristas según el tipo de visita y el tipo de estructura, y la tendencia es a disminuir el flujo de visitantes y, en algunos casos, incluso a la restricción total», asegura De la Rosa. Éste es el caso de El Castillo en Chichén-Itzá, ubicado en el estado sureño de Yucatán, que actualmente tiene prohibido el ascenso debido a los varios accidentes ocurridos en él y a la gravedad del desgaste en sus escalinatas, daño del que pude percatarme en una visita que realicé en meses pasados por el lugar. De las 150 zonas arqueológicas abiertas al público, actualmente las más afectas son las que tienen visitas más continuas a lo largo del año, como Teotihuacan, en el Estado de México, Chichén-Itzá en Yucatán, Tajín en Veracruz, Tulúm en Quintana Roo, Palenque en Chiapas y Monte Albán en Oaxaca. La moda esotérica El caso de Teotihuacan es muy especial, porque tiene en promedio tres millones de visitas al año. Lo malo de esto, dicen las autoridades, es que se concentra en ciertos días y ciertas semanas, por ello el desgaste por visita masiva es muy alto. Se visitó esta zona arqueológica, ubicada a unos 50 kilómetros al norte de la Ciudad de México. Allí realicé un recorrido con Rogelio Rivero Chong, responsable del sitio, quien me explicó el fenómeno que más está afectando a este lugar: «Desafortunadamente a partir de principios de los años 90 se puso de moda que programas televisivos promovían prácticas esotéricas relacionadas a sitios arqueológicos, fue entonces que se incrementó exponencialmente la visita masiva a Teotihuacan», asegura el arqueólogo. Y es que en un ritual de bienvenida de la primavera, que se lleva a cabo también en otros monumentos arqueológicos del país, cientos de miles de personas ataviadas de blanco a la usanza prehispánica acuden a cargarse de energía positiva. Aforos de hasta un millón de personas en tránsito, según cálculos de las autoridades del sitio, han llegado al lugar en un solo día durante el equinoccio de primavera a darse un «baño de luz», y algunos más participan en rituales prehispánicos que aquí se desarrollan. Importancia del sitio Ésta es una de las zonas arqueológicas más importantes y conocidas en México. Se considera a Teotihuacan como la sede de la civilización Clásica en la Cuenca de México, y es además uno de los sitios turísticos más visitados, tanto por extranjeros como por los propios mexicanos, debido a su misticismo y antigüedad. Teotihuacan, conocida también como La Ciudad de los Dioses, data del año 200 antes de Cristo y sobrevivió hasta alrededor de los años 700 a 750 después de Cristo. Contaba con unos 20 kilómetros cuadrados y aproximadamente 100.000 habitantes en su época de florecimiento. La población se fue reduciendo por factores de orden social y climático y en el siglo VIII alcanzó el ocaso, aunque no se conoce muy bien cuál fue la causa de la decadencia y de su total destrucción. Daños irreversibles Según Rivero Chong, las tres estructuras más grandes y representativas de la zona arqueológica, como la pirámide de la Luna, del Sol y el Templo de Quetzalcóatl, además de otras áreas más pequeñas no tienen la capacidad de carga para resistir tanto tránsito humano. «La gente es libre de sentir y creer en lo que quiera, eso nosotros lo respetamos, pero no de hacer lo que quiera, la zona es un patrimonio de la humanidad, no podemos permitir que aquí se hagan fiestas esotéricas», dice Rivero Chong. Los daños se han registrado en los pisos, aplanados, estucos, pinturas y escalinatas como las de la pirámide de la Luna, donde los primeros ocho peldaños son originales puestos por los propios teotihuacanos hace más de 1.600 años. Por ello a partir de este año, entre las medidas que se llevarán a cabo, figura establecer rutas específicas de visita, andadores, capacidades de carga para ciertas áreas de la zona y, si es necesario, la restricción total. También se implementarán campañas de concientización a través de los medios de comunicación, estrategias que en esencia buscan propiciar que la ciudadanía participe en acciones de protección y conservación del patrimonio cultural. En contra de las medidas Especialistas en conservación arqueológica consideran que los daños materiales ocasionados por esas reuniones multitudinarias durante los equinoccios equivalen a los provocados en diez años, y que las pérdidas son irreversibles. De La Rosa explica que «la piedra, aunque sea muy sólida, con el flujo intensivo en una jornada de 300 o 400.000 personas es obvio que tiene un desgaste». Sin embargo, hay quienes consideran estos argumentos insuficientes, pues dicen «todos saben que aquí el 70 u 80 % es reconstruido». Es lo que asegura Roberto Rosales, un vendedor ambulante a quien encontré en La Calzada de los Muertos, principal vía a los centros ceremoniales planeada por los teotihuacanos. «Esto ha estado durante muchos años, tengo yo aproximadamente 25 años viniendo diario aquí y podríamos decir que el daño es mínimo con el ascenso o descenso de las personas», dice el vendedor, quien asegura tener sus mejores ventas durante los días de mayor afluencia. «Si cierran la subida a las pirámides los principales afectados seremos los que vivimos de esto, porque la gente viene de muy lejos sólo para subir, yo creo que eso va afectar al turismo» acota. Por su parte Catalina Suárez, quien me cuenta que tiene más de 30 años viniendo cada equinoccio a «cargarse de energía», dice sentirse decepcionada por las medidas, pues «para mí es una verdadera fiesta subir hasta la cúspide de la pirámide, ahí me siento en comunión con el cosmos. Si me impiden subir tendré que buscar otro sitio» asegura.

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