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Los súper ricos quieren pagar más impuestos

Sí, leyó usted bien: algunos de los multimillonarios de Estados Unidos y de Francia piensan que su contribución a la sociedad debe ser mayor.
El 14 de agosto Warren Buffett, la segunda fortuna estadounidense, publicó en The New York Times un artículo titulado “Dejen de mimar a los súper ricos”.
Días después se sumó a este clamor la mujer más acaudalada de Europa, la señora Liliane Bettencourt, accionista del emporio de productos de belleza L’Oréal.
Buffett señaló que su gobierno le cobra a él 17.4 por ciento de su ingreso gravable, mientras que otras personas en su oficina, cuyos ingresos son mucho menores, pagan en promedio 36 por ciento. Añadió que pagar más impuestos no lo llevaría a reducir sus inversiones.
‘El oráculo de Omaha’ señaló: si tú ganas dinero moviendo dinero, tu tasa de impuestos será aún más baja que la mía; en contraste, si recibes un salario por trabajar, entonces te gravan mucho más que a los financieros.
Concluye Buffett: “mis amigos y yo hemos sido mimados durante mucho tiempo por un Congreso amistoso con los multimillonarios. Es hora de que nuestro gobierno instaure de verdad el sacrificio compartido”.
En Washington, DC los ciudadanos pueden votar para presidente, pero están impedidos de elegir representantes al Congreso. Las placas de sus automóviles llevan la leyenda “no al pago de impuestos sin representación política”.
Comprensiblemente, la clase media mexicana pide quid pro quo en los impuestos: “si me van a pedir que pague más, pues que el gobierno me dé seguridad pública y servicios de mejor calidad”.
Aquí estamos hablando de otra liga, la de los mega-ricos, a quienes en México no paramos de consentir.
En vez de normar las concesiones públicas para el interés general, de adoptar una estructura fiscal más equitativa y de impulsar mayor competencia en telecomunicaciones, nuestros altos funcionarios, líderes legislativos y precandidatos presidenciales se desviven por congraciarse con Emilio Azcárraga (Televisa) y con Ricardo Salinas Pliego (TV Azteca) para que los ‘traten bien’ durante sus campañas, a cambio, claro está, de que el duopolio televisivo conserve e incluso incremente sus escandalosos privilegios. ¿Hasta cuándo?

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