Las cadenas mentales

Todas las personas en algún momento nos hemos visto en situaciones en las que ha sido necesario tomar una decisión, pero debido a las cadenas mentales que nos atan simplemente nos hemos quedado estáticos y sin hacer nada por pensar que no vale la pena intentarlo por creer que no funcionara.

El 90% de las cosas que pensamos que pueden ocurrir nunca suceden, o sea que si pensamos que algo no saldrá bien lo mas seguro es que estemos equivocados en un 90%.

La mayoría de las personas no se atreven a intentar nada nuevo debido a que temen que las cosas les salgan mal o por temor a perder.

Las cadenas mentales normalmente se forman como resultado de la repetición. Si a un niño se le dice que no puede hacer algo una vez, posiblemente ese niño no se de por vencido e insista una y otra y otra vez pero después de miles de veces de escuchar la palabra no; terminara aceptando que efectivamente no puede y en el momento que ese niño acepta que no puede estará formando una cadena mental que lo afectara gran parte de su existencia o tal vez toda la vida.

En mi adolescencia yo quería aprender a manejar un automóvil pero al no tener uno en casa no lo podía hacer, tampoco podía pedir uno prestado a mis amigos debido a que mis papás me decían que si lo hacía y me ocurría un accidente yo tendría que pagar por los daños así que prefería no hacerlo. Lo anterior era una programación impuesta y que de adulto me provocaba miedo cada vez que yo intentaba manejar un automóvil.

Lo anterior duró hasta que me independice. Después de mudarme a vivir al estado de California, a la edad de 17 años. Los Ángeles es una ciudad muy grande por lo tanto es necesario tener automóvil para poder transportarse de un lugar a otro así que me vi en la necesidad de comprar un pequeño auto. Este automóvil era de transmisión manual y yo no tenía ni la más mínima idea de cómo manejarlo sin embargo no tenía otra opción más que aprender. Por la programación mental que yo poseía hasta ese momento en cuanto a manejar un automóvil recuerdo que cuando me senté detrás de ese volante sentí un miedo intenso pero sabía que no tenía otra opción.

Después de respirar profundo encendí el motor y traté de aplicar la primera velocidad pero lo único que escuche fue un fuerte ruido (no estaba aplicando el embrague correctamente) por fin logré aplicar la primera velocidad y el auto empezó a moverse un poco pero la sensación era la de estar jineteando un caballo y el motor terminó apagándose (no estaba sacando el embrague correctamente) por fin logré hacer caminar ese automóvil y me dirigí a casa.

Camino a casa el auto se apagó varias veces más hasta que finalmente llegué a mi destino. Hasta ese momento todavía me estaba afectando mi programación mental y aún retumbaban en mi mente las siguientes palabras:

• Tú no puedes manejar
• No sabes manejar
• Puedes tener un accidente
• Tu tendrás que pagar los daños

Al llegar a casa las piernas me temblaban por los nervios y el miedo que aun sentía. El día siguiente fue otra odisea y como pude manejé hasta mi trabajo, pero todavía con algunas dificultades. Conforme pasaba el tiempo lo iba haciendo mucho mejor a la vez que sentía más confianza, hasta llegar al punto en el que ya no era necesario voltear a ver los pedales o la palanca de cambios para poder manejar el automóvil. Mi mente por fin había sido programada para manejar un auto ahora ya hasta podía cambiar la estación de radio, voltear hacia los lados, subir o bajar las ventanas, manejar se volvió tan sencillo que ya lo hacía automáticamente. Por fin me había liberado de la vieja programación que no me servía para nada y que solamente me limitaba.

Cuándo el ser humano se ve forzado a hacer algo y depende solamente de lo que él puede hacer, se sorprende de saber que si es capaz de hacer lo que por tanto tiempo creyo que no podía.

-Sacado del libro, Descubre Tu Grandeza-

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