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La reforma migratoria sufre un jaque mate en el Senado de Estados Unidos

El proyecto de ley de reforma migratoria sufrió un jaque mate en el Senado, donde por segunda vez en un mes los legisladores rechazaron limitar el debate y proceder a su votación definitiva.

Con un resultado final de 46 votos a favor y 53 en contra de limitar el debate a 30 horas, ka iniciativa se quedó muy lejos -14 escaños- de lograr los 60 sufragios necesarios para superar este obstáculo.

Entre los opositores a la propuesta de reforma hubo tanto republicanos, 37, como demócratas, 15.

El proyecto, que contaba con el apoyo del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, queda sin más posibilidades de salir adelante, ya que el líder de la mayoría demócrata, Harry Reid, dijo que retiraría la iniciativa si no lograba los votos necesarios.

Esta es la segunda ocasión en la que el pleno del Senado vota en contra de limitar el debate sobre esta reforma, dado que hace tan sólo 20 días, el 7 de junio, ya sufrió el mismo revés, entonces por 45 votos a favor y 50 en contra.

Después de la votación, Bush reaccionó inmediatamente, al considerar una «decepción» el resultado.

«Muchos de nosotros hemos trabajado duramente para ver si nos poníamos de acuerdo, pero no ha funcionado», lamentó el jefe de la Casa Blanca, quien agregó que los estadounidenses «entienden que la actual situación es insostenible».

Por su parte, Reid, visiblemente afectado por la derrota, agradeció a todos los senadores que habían trabajado en este proyecto su esfuerzo y concluyó que la lección para todos debe ser que tienen «que trabajar más estrechamente juntos».

Los legisladores de ambos lados habían destacado durante el debate previo que si el proyecto no pasaba este corte, no habría otra posibilidad igual para mejorar el sistema migratorio del país, que data de 1986, cuando se aprobó una amnistía para unos tres millones de indocumentados.

Las consecuencias de la votación de hoy serán importantes, ya que no es probable que se retome el proyecto antes de 2009, cuando se habrá instalado otro presidente en la Casa Blanca y formado un nuevo Congreso.

De haber salido adelante, la iniciativa hubiera establecido un nuevo marco legal para los más de 12 millones de inmigrantes indocumentados que se calcula viven actualmente en el país.

Además, hubiera reforzado la seguridad fronteriza con 4.400 millones de dólares adicionales, establecido un programa de trabajadores temporales y creado un sistema para que las empresas comprobaran el estatus legal de nuevos empleados.

El secretario estadounidense de Seguridad Nacional, Michael Chertoff, lamentó la oportunidad perdida para reforzar la seguridad fronteriza, pero insistió en que seguirá trabajando para lograr el apoyo para mejorar la situación actual.

La reforma también impulsaba un sistema de puntos con prioridad para aquellos con altos niveles de educación, en vez de hacer énfasis en sus vínculos familiares como hasta ahora.

La decepción de los defensores de esta reforma tras la nueva derrota en el Senado será grande, teniendo en cuenta que el martes el pleno hizo un esfuerzo para rescatar el proyecto y reanudar el debate.

El miércoles la cámara alta inició el debate y la votación de un total de 27 enmiendas, número acordado previamente por los líderes republicanos y demócratas, en un intento de acercar posturas y de evitar que el listado de objeciones se hiciera interminable.

Quizá el día de ayer fue decisivo para inclinar finalmente la balanza hacia el lado de retirar el proyecto, dado que los republicanos que se opusieron férreamente al proyecto no quisieron cambiar su voto de ninguna manera.

No lograron introducir algunas de sus enmiendas, que hubieran restringido en algunos aspectos la reforma, pero también los demócratas tuvieron que ceder en lo suyo. En total, cayeron cinco enmiendas en saco roto.

Precisamente este aspecto, el de tener que aceptar que la reforma no iba a ser perfecta, pero sí positiva para mejorar el actual sistema, fue defendido por varios legisladores de ambos lados.

Pero finalmente no pudieron con aquellos que argumentaron que era una «amnistía» para los inmigrantes ilegales, que iba a atraer a más indocumentados y bajar los sueldos y que

tampoco servía para reforzar la seguridad fronteriza

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