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Eliza Doolittle asegura no ser chica materialista

La cantante británica Eliza Doolittle, de 23 años, exuda frescura y optimismo, ya sea patinando lejos de los conflictos o bailando bajo el sol del Caribe con sus melodías sesenteras. «No me considero una persona materialista, con tener amigos y música pop soy feliz», asegura en una entrevista con Efe.

Nacida Eliza Caird en el seno de una extensa familia con nueve hijos y una arraigada tradición dramática, no figuró entre los nominados de los últimos Brit Awards a artista revelación británica, pero su single «Pack up» ha traspasado fronteras.

«Nunca esperé ese honor», dice modestamente sobre su exclusión -comentada en algunos medios del país- de una lista reñidísima compuesta por Rumer, Ellie Goulding, Mumford & Sons, Tinie Tempah y The XX (últimos ganadores del prestigioso Mercury Prize).

Como otros artistas de su generación, véase Plan B, Rumer o Adele, Doolittle ha mirado atrás en el tiempo para filtrar el sonido de los años sesenta por un tamiz contemporáneo.

Incapaz de describir su música, no considera sin embargo que suene a algo «antiguo» y cree que es producto de muchas influencias «viejas y nuevas, pero básicamente de buena música, con buenas melodías y buenas letras».

En su caso, todo viene acompañado de un paquete muy colorista y desenfadado en el que no tiene cabida el romance. «En este disco no hay canciones de amor, porque no sentía la necesidad de expresarme en esos términos, quizás porque no tuve una experiencia que me empujara a ello», dice la artista, que ha manifestado públicamente su rechazo a tanta canción de amor.

En su lugar, ha apostado por escribir sobre todas aquellas cosas que la dejan «pensativa» y por buscar un sonido peculiar que las abrazara.

Doolittle, que debe su nombre al apodo que le pusieron de niña por el personaje de Audrey Hepburn en la película «My fair lady» (heredera a su vez de la obra «Pigmalión» de George Bernard Shaw), asegura que nunca se ha sentido como una muchacha desaliñada tratando de aparentar las formas de una duquesa.

Con su larga melena negra suelta, apuesta por la sencillez y por mostrarse «tal cual» es, pese a portar en los genes la capacidad interpretativa (su padre es director escénico y miembro de la Royal Shakespeare Company y su madre una actriz que llegó a representar a su país en el festival de Eurovisión de 1994).

Enfatiza que ella apuesta por trazar su «propio camino» y que no es actriz, sino una cantante de discos. No iría a Eurovisión ni tampoco se plantea participar en musicales, como hizo su progenitora, que logró un premio Tony por su papel de Eponine en «Los Miserables».

Si no hubiese sido Doolittle, habría querido ser Carry Bradshaw («la adoro», dice), papel interpretado por Sarah Jessica Parker en la serie de televisión «Sexo en Nueva York».

Y a pesar de lo poco sencilla que pueda resultar la vida de este personaje, Eliza opina que no se siente «materialista», que sería feliz simplemente rodeada de amigos y de su música pop y que podría vivir con lo imprescindible, como en el videoclip de su canción «Pack Up», rodado en Jamaica.

«Podría haber sido en Cuba o en alguna parte del Caribe», explica la cantante, pues buscaban un lugar que cuadrase con el espíritu del tema, «con gente sonriente y feliz, a pesar de los problemas».

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