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El ratón con pañales

Mientras Arnau, que acaba de cumplir 3 años, se concentra delante del ordenador para salvar a los peces de colores clicando en el buen momento para que no caigan fuera del agua -inmerso en uno de los escenarios del CD educativo El Teclado de los Bebés- su madre, que ya sabe lo que va a ocurrir a continuación, le dice sonriendo a la educadora de una de las aulas de P2 del parvulario Ter Vint de Barcelona: «Por favor, no hagáis esto por la tarde, porque luego no hay manera de que quiera irse».

Minutos después, Arnau protesta en brazos de su madre diciendo que quiere quedarse y señala insistentemente la pantalla del ordenador, aunque su sitio ya lo ha ocupado Julia, de su misma clase, que está tan concentrada y sonriente como su compañero hace sólo unos segundos. «Y después de los peces, el juego de los cofres, ¿vale?», pregunta la niña a la educadora mientras teclea con entusiasmo el teclado de colores.

Mireia Sebastián, directora del parvulario Ter Vint, explica que los niños disfrutan sin lugar a dudas con el manejo del ordenador. Empezaron a introducirlo en las aulas de P2 hace 8 años, cuando observaron que, incluso los niños muy pequeños, cuando sus padres venían a pedir información sobre el parvulario y estaban en el despacho de la directora, se sentían atraídos por el ordenador del despacho: «Para ellos es como un juguete, y nosotros queremos que conozcan esta herramienta como algo familiar, que no les dé miedo; que sepan manipularlo».

En este parvulario, como en todos los que se acerca la tecnología a los más pequeños, se trabajan conceptos evolutivos acordes a estas edades a través de juegos educativo (formas, colores, orden, medidas, vocabulario, dibujo, etc.).

Sebastián explica cómo hay niños que son más torpes manualmente y sin embargo con el ordenador realizan dibujos bonitos, pintan con todos los colores que eligen, siempre sin sobrepasar las líneas, y todo esto les sube la autoestima.

Con esta opinión coincide Toni Matas, editor de Barcelona Multimedia, porque desde los inicios de la editorial, en 1994, han recibido en su web numerosos mensajes de padres de pequeños usuarios con habilidades manuales aún por desarrollarse, que en el ordenador conseguían creaciones muy logradas que hacían sentir a los niños verdaderos artistas.

«En nuestra práctica, también hemos observado que los niños de 2 años utilizan formatos diferentes, ya sea, papeles y lápices, pizarra y tiza, o juegos de ordenador, pero acaban plasmando los mismos conceptos cognoscitivos en todos ellos: dibujar círculos, hacer rayitas, mezclar colores, etc.», explica Matas.

Cuando los niños empiezan a experimentar con el ordenador es importante dejarles descubrir libremente el entorno. «Hay que dejarles que se paseen, que cliquen dónde quieran, que exploren, que los entornos sean lo más abiertos posibles para así fomentar la creatividad, la curiosidad y la iniciativa en los niños: La propia experimentación y el descubrimiento ya suponen un aprendizaje en sí mismo», dice Matas.

Según el director de Barcelona Multimedia, muchos de los programas comerciales o incluso los que proporcionan los organismos oficiales cierran las posibilidades de interacción, y la experiencia de una observación y de un descubrimiento libres.

Angelines Villaroya, directora del parvulario La Pequeña Cometa de Zaragoza, empezó a familiarizar a los niños de 1 y 2 años con los ordenadores en 2003 para reforzar los conceptos trabajados en el aula.

La experiencia es buena porque a los niños les gusta mucho y se acercan rápidamente cuando se enciende el ordenador pero el problema, explica Villaroya, es que al haber sólo un ordenador para 40 niños «a veces se cansan de esperar y se desperdigan por la clase». Aunque la mayoría de padres están contentos de que sus hijos empiecen a manejar el ordenador a estas edades, otros «se quejan porque piensan que les van a estar tocando el ordenador todo el rato en casa». Para la directora de La Pequeña Cometa, «los educadores y los padres tienen la responsabilidad de controlar el uso del ordenador y de dosificarlo».

Un ratito más

En el parvulario Garabatos de León el ordenador es «herramienta de trabajo que, en el caso de los niños, es herramienta de juego, desde la apertura del centro, en 2005», explica su directora Gema Priego. El objetivo es «que los niños se familiaricen con el ratón, que asuman de forma natural el uso de los ordenadores como algo cotidiano y que el uso del PC sea moderado y con buen fin».

A los niños les encanta y siempre piden jugar un ratito más, explica Priego, que destaca lo gracioso que es observarles en la primera sesión: «Muchos niños pretenden coger y mover el puntero de la pantalla con al mano en lugar de usar el ratón, o mueven el ratón levantándolo y moviéndolo por el aire en lugar de deslizarlo sobre la alfombrilla».

Fue viendo a su hijo que no tenía aún dos años extasiado delante de la pantalla del ordenador, «que además era en la época de las pantallas terribles en negro de Ms-Dos con la letra del cursor en blanco» cuando Fernando Darder, psicólogo, programador y Director de Creación y Desarrollo de Cibal Multimedia , se preguntó: «Si algo tan simple puede atraer así, qué pasaría con algo más elaborado y atractivo?».

Para Darder, lo más importante a estas edades, a partir de los 18 meses y hasta los 3 años, es mantener la motivación del niño para que interactúe con lo que va ocurriendo en la pantalla. «Lo principal es que el niño interactúe con los juegos como si de un juguete se tratara; si el niño ve que sus acciones tienen una repercusión en el juego, eso de por sí es atractivo. Si ve cómo al mover el ratón se mueve algo en la pantalla y van explotando unas burbujas, lo repetirá y llegará a dominarlo. A los niños por naturaleza les gusta aprender y lo ideal es aprender jugando».

Nativos Digitales

El equipo de la escuela infantil Capine, de Colmenarejo (Madrid) elaboró hace tres cursos el proyecto Bititi, el Ordenador en el Aula de Preescolar. Empezaron con un ordenador reciclado que donaron los padres de una alumna y organizaron los tiempos de utilización. «Pero como ocurre siempre en educación infantil, los resultados superaron las expectativas», explica Susana Landrobe, directora pedagógica del centro. «Los niños lo saludaron como algo conocido y se arremolinaron rápidamente a su alrededor esperando que Bititi les contara algo. No en vano en el mundo de las TIC se llama a estos niños los nativos digitales».

Para este curso, y gracias a la colaboración de algunos padres, el centro cuenta con un ordenador por aula. «La etapa 0-3 años tiene gran relevancia pues se asientan las bases para realizar aprendizajes fundamentales (lectoescritura, pensamiento lógico-matemático) en etapas posteriores», explica Landrobe.

Gracias a Bititi, «redescubrimos las posibilidades del ordenador como herramienta privilegiada que permite la capacidad interactiva y la posibilidad de repetir una misma secuencia las veces que sea necesario para afianzar el aprendizaje».

En el centro madrileño no hay horario determinado para utilizar el ordenador, sino que forma parte de las actividades cotidianas de aprendizaje. Fundamentalmente se utilizan los programas multimedia interactivos para potenciar tareas de atención, discriminación perceptiva, destrezas manipulativas, memoria y función simbólica, siempre adaptadas a la edad del niño.

El primer día de curso, explica Landrobe, cuando se introdujo el ordenador en el aula de P2 la educadora les dibujó en la pizarra los principales componentes y les enseñó los nombres de cada uno. Ese mismo día, al llegar a casa, los pequeños, emocionados, señalaron a sus padres el mooitor y el telado.

«El ordenador se utiliza todos los días, por cortos períodos de tiempo, en función de la capacidad de atención y de los tiempos óptimos de estimulación. Para niños de 12 a 18 meses su capacidad de concentración en una misma actividad suele ser de unos 5 minutos; desde los 18 a los 24 meses podemos aumentar a 8 minutos y a partir de 3 años ya a 10-12 minutos».

En el centro están convencidos de que las TIC ofrecen a los niños desde muy temprana edad una estimulación rica y variada y una atención educativa de calidad y personalizada y, en opinión de Landrobe, «estamos educando a niños del siglo XXI, hoy en día resulta anacrónico hablar de un aula de informática, tanto como si hubiéramos hablado de un aula del bolígrafo cuando nosotros estábamos en el colegio».

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