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El lado privado de la futura reina británica

Si el destino no se tuerce, Kate Middleton será algún día reina consorte de Inglaterra, pero, al día de hoy, sigue siendo prácticamente una desconocida no solamente para los británicos sino para el resto el mundo.

Tanto es así, que hasta el 16 de noviembre pasado no se le había oído hablar en público y no se tenían más referencias sobre su vida que las historias y fotografías que los medios habían publicado durante sus ocho años de noviazgo con el príncipe William.

Ese día se anunció su compromiso de boda con el primogénito del príncipe Carlos y la fallecida Lady Di, y sus conciudadanos pudieron ver a una Kate Middleton nerviosa y feliz.

Más delgada de lo habitual y con un vestido de seda azul marino de la modista brasileña Issa, ofreció su primera entrevista y salió airosa con la ayuda de William, quien se mostró convencido de que podrá soportar la presión.

Lady Di, siempre presente

De manera casi automática en la cabeza de todo el mundo apareció Lady Di, encarnada en el anillo de compromiso que lució Kate, el mismo que Carlos le regaló a Diana hace treinta años y que es una de la piezas de joyería más famosas e icónicas del mundo.

El de Carlos y Diana fue un matrimonio desgraciado y las comparaciones surgieron casi automáticamente, por mucho que William saliera al paso con gracia y delicadeza cuando se le preguntó por la “presencia” de su madre a través de ese anillo. “Pensé que sería muy bonito porque (mi madre) no estará para la diversión, así que es mi manera de tenerla cerca”, dijo.

¿Hasta qué punto el fantasma de Diana estará presente? Esta es una de las grandes preguntas a tan solo cuatro meses de la boda real más esperada de los últimos tiempos.

Emma Soames, nieta de Winston Churchill y periodista, afirma en un reportaje publicado recientemente en el Telegraph que “la presencia fantasmagórica de Diana parece ser mucho más problemática para nosotros, meros espectadores, que para su hijo mayor”.

Sin duda, los paralelismos se establecerán durante mucho tiempo, a la espera de ver cómo funciona la pareja.

Kate, a la que algunos medios han decidido empezar a llamar Catherine Elizabeth Middleton -que evidentemente resulta más formal-, se quedó sin palabras cuando en la entrevista le preguntaron si le asustaba la perspectiva de que cada paso que dé a partir de ahora se interprete en clave Lady Di.

En contra de la experiencia de Diana, quien nunca encontró en el príncipe Carlos un apoyo, sino todo lo contrario, Kate vio como su futuro esposo salió de nuevo al quite: “nadie está intentado ponerse en el lugar de mi madre”.

El perfil mediático, por ahora, es deliberadamente más bajo que cuando Carlos y Diana anunciaron su compromiso de boda y la idea es que la ceremonia que se celebrará el 29 de abril de 2011 en la abadía londinense de Westminster no tenga pompa imperial.

Una pareja convencional

Dicen quienes los conocen que William y Kate son una pareja de novios cerca de la treintena (ambos tienen 28 años, siendo ella seis meses mayor que él) muy convencional, a la que le gusta pasar una noche tranquila cenando pizza. Su gran plus es que tienen una gran complicidad y se ríen mucho juntos.

Se conocieron hace ocho años, cuando ambos fueron a estudiar a la Universidad escocesa de St. Andrews. Dicen algunas versiones que los Middleton decidieron matricular a su hija en esa universidad cuando supieron que el príncipe estudiaría allí.

Esta es la versión que apuntala la visión de los Middleton como una familia ambiciosa. Michael y Carole, tras trabajar como empleados de una aerolínea -el padre como operador de vuelos y la madre como azafata- se convirtieron en millonarios creando una empresa de venta online de artículos para fiestas.

Tatler, la revista inglesa de chismes de la alta sociedad, describió a Kate y a su hermana menor Pippa como “altamente decorativas, terriblemente aromáticas y con una capacidad feroz para escalar socialmente”.

Sea como fuere, William y Kate compartieron residencia durante cuatro años con otros dos estudiantes, y pasó un año hasta que se unieron sentimentalmente, antes sólo se consideraban “muy buenos amigos”.

A Kate se le atribuye que el príncipe no abandonara la universidad tras el primer año y también la cautela y discreción que permitió a la pareja reconciliarse tras las rupturas provocadas por la presión mediática.

Ese saber estar, pero sobre todo la química que ha mostrado la pareja, es lo que permite apostar a favor de que este matrimonio no se romperá, como muchos de los que acumula la monarquía británica en el último siglo.

Buenos augurios

Soames está convencida de que “los augurios son buenos, porque no hay duda de que están muy enamorados, algo que en sí mismo es una novedad en los matrimonios reales”, y porque William ha encontrado en la chica una cierta normalidad en el día a día y la convivencia familiar que nunca tuvo.

“Es la unión entre la Inglaterra moderna de clase media y una monarquía que necesita renovarse”, dice.

Lo de moderno no lo comparte la comentarista Suzanne Moore, que no entiende “la contradicción entre decir que (Kate) es una mujer moderna y aceptar que no tiene opiniones propias y que su trabajo es de pacotilla”.

Kate figura como empleada de la empresa de sus padres, pero se sospecha que se ha dedicado a prepararse para su trabajo de verdad: el de ser la compañera del futuro rey de Inglaterra.

Que haya sido acogida como una encarnación de modernidad y renovación de la monarquía es para Moore “una estupidez absoluta. Ella no es clase media, es sólo un poco menos clase alta que algunos de los miembros del Gobierno”, dice la periodista.

Interpretaciones sociales y políticas al margen, lo que es seguro es el enorme impacto mundial que tendrá la boda.

Poco se sabe de los detalles, aunque Katie Nicholl, especialista en la casa real del Daily Mail, aseguró que será una ceremonia religiosa matutina, a eso de las 11:30, seguida de una recepción en el Palacio de Buckingham.

Muchos serán los detalles en los que tendrán que trabajar las dos personas a las que Wiliam ha confiado la organización del evento: Jamie Lowther-Pinkerton, un ex militar británico que actualmente es el secretario privado de William y de Harry, y Helen Asprey, su ayudante personal, quien los conoce desde que eran niños y que fue casi una madre para ellos cuando murió Diana.

Asprey acompañó a Kate en la visita a la abadía de Westminster antes de que se anunciara que ese templo será sede de la boda, el mismo en el que se celebró en 1997 el funeral de Diana.

Ahí, Elton John cantó una emotiva versión de Candle in the wind y el propio cantante afirmó que “probablemente” repetirá en la boda del 29 de abril.

Charles Spencer, hermano de Di, fue otro protagonista del funeral y según el Daily Mail, William quiere que hable en su boda para recordar a su madre.

Sus palabras de hace 13 años resonaron durante mucho tiempo: “Diana fue la auténtica esencia de la compasión, de la responsabilidad, del estilo y de la belleza, una mujer muy británica”.

El estándar para Kate está realmente muy alto.

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