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Cuando la ansiedad nos obliga a comer

Ha notado usted la prisa con la que mucha gente come, que lo hace varias veces a lo largo del día y en cantidades considerables. En gran porcentaje de los casos se trata de personas víctimas de ansiedad, aburrimiento, coraje o frustración, actitudes derivadas del ritmo de trabajo o la vida agitada y absorbente que se lleva.Así, cuando la motivación para ingerir alimentos no es promovida por el hambre sino por un impulso nervioso, las afecciones a la salud se hacen presentes tarde o temprano, pues se trata de un desorden alimenticio que va más allá de lo que se come y la forma de hacerlo, un mal que es más común de lo que imagina.Los especialistas en el comportamiento humano (psicólogos y psiquiatras) llaman a este desorden alimenticio hambre nerviosa o por estrés, la cual hasta hace una década se consideraba típica del género femenino, pero que en los últimos años ha ganado terreno también entre los varones.“Se trata de una necesidad de consumir alimentos de manera rápida y descontrolada, fuera de las comidas, a menudo pasando del dulce a lo salado, sin estar plenamente consciente de lo que se come, de la cantidad, ni de la sensación de hambre y de sentirse satisfecho,” explica la psicóloga Sandra Treviño Salazar, cuyo trabajo se ha enfocado en personas con desordenes alimenticios.“Algunos colegas explican el hambre nerviosa como una manera de mezclar emociones y comida, sin pensar en que eso les lleva a hacerse daño. Para algunas personas comer no es simplemente cumplir con sus necesidades nutricionales, si no que se ha convertido en un entretenimiento y en una manera de enfrentar la tensión; por ejemplo, muchos comen en forma desmedida e inconsciente porque llevan una relación de pareja muy conflictiva, tienen problemas en el trabajo o se sienten en desventaja cuando se comparan con amigos o hermanos,” explica.Existen estudios que revelan que a los individuos que están pasando por dificultades emocionales a menudo les es imposible separar el hambre de otras sensaciones de malestar y no pueden reconocer el estado de saciedad.

¡A comer!

Una forma distinta de hambre nerviosa es el llamado “atracón”, es decir, hacer una comida muy superior a la que la mayoría de las personas podría consumir en corto periodo de tiempo y bajo circunstancias similares. “Hay quienes los realizan de vez en cuando, pero esta conducta se convierte en trastorno de la alimentación cuando se pierde el control o se hace frecuentemente,” indica Treviño Salazar.Lo anterior es también un rasgo de comportamiento de un enfermo de bulimia, pero existen ciertas diferencias: “mientras que estas personas tratan de compensar su sentimiento de culpa al autoinducirse el vómito, abusar de laxantes u otros fármacos, hacer ejercicio en forma excesiva o dejar de comer durante varias horas, quien experimenta hambre nerviosa se da un atracón y puede sentir culpa, pero no hace nada para superar su sensación de culpabilidad; aunque no es raro que se percate de que no puede controlar qué o cuánto está comiendo”.

Los episodios de atracón se asocian a tres o más de los siguientes síntomas:

* Ingesta mucho más rápida de lo normal.

* Comer hasta sentirse desagradablemente satisfecho.

* Consumo de grandes cantidades de comida a pesar de no tener hambre.

* Comer a solas para esconder su voracidad.

* Sentirse a disgusto con uno mismo, depresión, o gran culpabilidad después de haber comido en demasía.

* Los atracones tienen lugar al menos dos días a la semana durante seis meses.Como se explicó con anterioridad, muchas personas comen más cuando tienen problemas psicológicos, principalmente depresión o ansiedad, y gracias al atracón consiguen cierto alivio o una forma de huir de sus emociones.“También hay casos en que mediante esta conducta alimentaria se intenta, inconscientemente, poner una barrera entre la persona afectada y quienes le rodean, tomando como emblema frases como ‘dado que soy gordo/a, no le gusto a los demás y nadie se me acercará’. Sin embargo, suelen ser personas necesitadas de cariño y, como en el caso de la bulimia nerviosa, el atracón puede ser utilizado como ‘autocastigo’ por no estar satisfechas consigo mismas,” añade la especialista.Cuando el cuerpo pasa la facturaComo es de suponer, el peso corporal de quienes sufren ambos trastornos alimenticios suele ser más elevado y, en muchas ocasiones, se trata de personas obesas, lo cual constituye un factor de riesgo adicional para desarrollar importantes enfermedades, como diabetes mellitus, hipertensión, colesterol alto y ataques cardiacos, entre otras.“El único método para evitar el hambre nerviosa es separando la relación entre emociones y comida, lo cual no siempre se consigue simplemente a base de fuerza de voluntad, sino con ayuda de terapia psicológica que apunte a controlar el mecanismo que acciona el hambre ‘inexistente’”.Sandra Treviño refiere que en la terapia se trabajan las formas de superar una baja autoestima y la interacción con los demás, así como crear conciencia sobre los riesgos de seguir una conducta alimentaria equivocada. “También se motiva a la persona a realizar ejercicio, teniendo en cuenta que éste es, por un lado, un medio adecuado para mantener el peso óptimo y, por otro, puede ser la forma de acabar con el estrés.”Igualmente importante será ayudar al sujeto enfermo a encontrar la manera más adecuada de perder peso de acuerdo a su estado físico, labor que corresponderá a un nutriólogo. “Debe dejarse claro que las dietas impuestas por uno mismo no tendrán los resultados esperados y que lo que se busca es reestablecer el adecuado equilibrio alimenticio,” comenta Treviño Salazar.Cabe destacar el riesgo de intercambiar un vicio por otro, es decir, “que en lugar de comer, se caiga en la tentación de fumar o tomar alcohol y excederse de igual forma, de ahí la importancia de contar con el respaldo de un profesional en psicología. El primer objetivo será reconocer la causa de su tensión y ansiedad para posteriormente manejarla en forma positiva”.Por último, la especialista añade: “comer es un placer y debe disfrutarse, pero cuando la única razón para hacerlo es dar solución a problemas emocionales, es hora de buscar ayuda profesional”.

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