Anoche conocí al Joker… ¡Al de verdad!

Anoche conocí al Joker… ¡Al de verdad!

En a mitad de la paranoia de estos días me encontraba en el bar como jurado de una batalla de bandas todas del género Metal, estos lugares son especiales, no son como un bar “normal”, la gente que acude viene toda haciendo alarde de la tribu urbana a la que pertenecemos, la sociedad aun después de todo no nos ve muy bien, “locos, marihuaneros” dicen los más puritanos, son unos vagos “satánicos” dicen los más radicales y adoctrinados, pero la realidad es muy diferente, los bares de rock son comunidades muy divertida y muy unidas.
Sentado en mi mesa noté a un hombre joven en la barra que estaba consumido en la pantalla del televisor que en ese momento proyectaba un video de Def Leppard, era raro, se comportaba de una manera extraña y movido por la curiosidad comencé una conversación sobre la canción, el tipo se volteó me dijo que ya no hacían música como esa, que la disfrutaba mucho, me cayó bien pero había algo en sus ojos que no me cuadraba, en ese momento sonó mi teléfono celular y Sali a contestar, era mi madre, a darme un regaño, a mis 44 años aun me regaña como si tuviera 10.

Regresé al bar y dije en voz alta “me acaba de regañar mi mamá como si aun tuviera 10 años” a lo que este hombre respondió que él no tenía ese problema, que él odiaba a su mamá, quien había sido trabajadora sexual, solo una de las clientes de su papá a quien también odiaba, me lo decía fríamente mientras dejaba ver en ambas muñecas un grupo de cicatrices horizontales que obviamente eran producto de intentos de suicidio, yo quedé atónito escuchando su historia junto a mi esposa que estaba a mi lado, entre más avanzaba su exposición más roto y destruido lo sentía, un hombre en pedazos lleno de odio y destruido por una familia que nunca quiso serlo.

Le brindé un solo trago antes de que el dueño del bar me deslizara un papel por la barra en donde había escrito “no le de trago a ese tipo, es peligroso”, entonces no le brindé más, el seguía pegado a su botella de cerveza y yo ya estaba prejuzgando al personaje por su forma de comportarse y lo que me había dicho el dueño del bar.

Comenzó el concierto y me alejé un poco de aquel loquillo que seguía bebiendo y bailando en su micromundo, armó una burbuja y de repente explotó y comenzó a ser agresivo con todas las personas -todos estos músicos son unos perdedores, son mediocres, todos ustedes son carne podrida, una vez mi mamá conoció a un extraterrestre que le dijo que todos los humanos éramos solamente carne podrida- todas estas frases y muchas más salían de la boca de este hombre que media un metro noventa pero físicamente se veía muy frágil.

Decidí darle una oportunidad más y lo invité a fumar un cigarrillo afuera del bar para tratar de entender su rabia, su odio, yo quería ´pensar que era por la frustración de estar viviendo en un mundo demente, sin oportunidades, polarizado, una sociedad destruida lo que pienso es real, pero me di cuenta hablando con él que no era su caso, su caso era un dolor profundo por su familia, su confusión, estaba ofendido porque el dueño del bar lo rechazaba, porque todos lo rechazaban, no entendía como yo podía tener un matrimonio porque para el no existía el amor, trató cuatro años en una relación pero no funcionó, desde ese momento decidió estar solo y dedicarse a hacer dinero, para él es lo único que importa, tiene un plazo de 10 años para ser millonario, esa es su meta.
Cuando entró al bar de regreso ya la gente lo miraba raro, el barman no le hablaba y entonces comenzó a tener episodios de risa, una risa forzada, una risa que no era risa, que era rabia y quedó solo entre las personas, rodeado de gente pero solo, hasta que lo echaron, lo sacaron dos hombres de seguridad arrastrado mientras el amenazaba de muerte al dueño del bar y a algunos asistentes, se perdió en la noche caminando por la carrera séptima de Bogotá supongo que sin rumbo, perdido en sus pensamientos y recibiendo lo que el destino le pusiera por delante.

Al final mi Joker tuvo razón, fue segregado, expulsado, juzgado y condenado culpable, debe andar por ahí, consumido en la rabia, pensando si es que se acuerda que debe cumplir la promesa de ser millonario dentro de una década, o tal vez esa noche no la terminó, o tal vez esta noche llegará a otro lugar a mostrarle a la sociedad “políticamente correcta” que el Guasón sí existe, que son muchos, que están en pedazos y que nadie los mira, nadie les habla, porque lo diferente produce miedo, o tal vez el miedo se siente por tratar de evitar algo que inevitablemente es cierto, este mundo nos está consumiendo el tiempo que hubiéramos podido usar para ser mejores personas.

Para C.D. a quien la vida me puso dos horas en mi camino.

Felipe Szarruk

Felipe Szarruk