‘Necesitamos más inmigrantes… desesperadamente’

‘Necesitamos más inmigrantes… desesperadamente’

David Torres

Si la frase no hubiese provenido de boca de uno de los funcionarios de más alto rango del antinmigrante gobierno actual, habría parecido un eslogan más de una oposición pro inmigrante en plena campaña electoral. Pero el que Mick Mulvaney, jefe de Gabinete de Donald Trump, haya dicho en Inglaterra durante un viaje de trabajo la semana pasada que, desesperadamente, Estados Unidos “necesita más inmigrantes”, pues el país se está “quedando sin gente para impulsar el crecimiento económico”, es francamente sintomático de un gobierno confundido y en crisis en torno a la cuestión migratoria.

Las palabras de Mulvaney, obtenidas en audio por The Washington Post, mismas que contradicen en absolutamente todo la guerra que ha entablado Trump contra los inmigrantes a través de una serie de políticas públicas que han pisoteado la dignidad humana desde el inicio de su mandato, conllevan al menos dos significados y un grito desesperado.

Por una parte, que todas las medidas antiinmigrantes —desde la separación de familias en la frontera, hasta la reciente creación de la “Oficina de Desnaturalización”, pasando por la puesta en vigor de la regla de “carga pública” o la negación de fondos federales para las ciudades santuario— han tenido el claro objetivo de causar daño a cientos de miles de seres humanos. Los menores migrantes han sido las más castigadas víctimas de esta gestión presidencial, sometidos a prácticas que la organización Médicos por los Derechos Humanos (PHR, por su sigla en inglés) equipara con la tortura.

Por otra parte, que a todas y cada una de dichas medidas las mueve el racismo, la xenofobia y la discriminación, categorías encubiertas en la aplicación de leyes para supuestamente mantener la seguridad nacional.

Y en medio de estas dos instancias, ahora se dan cuenta de la imperiosa necesidad de mano de obra que no solamente ayude a fortalecer el Producto Interno Bruto (PIB), sino que impida que el nivel de las economías locales, estatales y nacional se vayan a pique. Es un grito como el que profiere quien se “da un tiro en el pie” debido a las erróneas decisiones que toma. Si a eso se suma el efecto que el Covid-19 ha tenido en Wall Street acelerando pérdidas por temor a su proliferación, el cuadro se completa para requerir desesperadamente más brazos de inmigrantes que ayuden a sostener la economía, en caso de un declive mayor.

Sucede que no es un secreto que para las sociedades que se reproducen poco, como es el caso de Estados Unidos, las oleadas de inmigrantes, independientemente de la manera en que lleguen —refugiados, indocumentados, con documentos, con destrezas especiales o sin estas, con alto o bajo nivel académico, por guerras, pobreza, persecución política, religiosa o sexual, o bien por efecto del cambio climático, etcétera— constituyen a la larga la generación de relevo que esta nación necesita.

Así ha sido a lo largo de su historia, aunque en esta ocasión las nuevas oleadas migratorias —más pobres y no blancas— no sean del agrado de quienes por ahora dirigen este país.

Lo anterior, por supuesto, garantiza al mismo tiempo el equilibrio demográfico que todo sistema necesita para sobrevivir. Y vaya que en el sistema en que se encuentra inmersa esta nación, tanto productores como consumidores son inevitablemente necesarios. Pero los datos no son tan alentadores para la reproducción del capital: hacia 2018, Estados Unidos registró un 2% menos de nacimientos respecto a 2017, con unos 3.7 millones, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), marcando el cuarto año consecutivo con natalidad a la baja desde 2014. Y Mulvaney seguramente conoce el dato.

No se sabe si el funcionario permanecerá durante más tiempo en el cargo después de lo que ha dicho contradiciendo a su jefe —quien también ha contratado indocumentados en sus múltiples negocios—, pero por lo pronto ha puesto al descubierto una realidad que no tenían prevista en el gobierno que representa, el que al parecer sólo ha dictado y puesto en práctica medidas antiinmigrantes para mantener energizados a sus votantes en el corto plazo, sin medir las consecuencias en el ámbito económico y demográfico en el largo plazo. Su propósito es claramente y con engaños solo permancer en el poder.

Pero otro dato concreto también contradice el sentimiento antiinmigrante que sigue emanando de la Casa Blanca. Según una investigación de la Universidad de Stanford de 2018, en la última década se registró un aumento de 34% de negocios de propietarios latinos, en comparación con el 1% de incremento en la cantidad de dueños de negocios en todo Estados Unidos.

Y no solo eso, sino que cada vez más población de esta comunidad está solicitando préstamos para abrir un negocio o expandir el que ya tienen. ¿Otros datos? También dan empleo a 3 millones de personas y reportan, según el estudio de Stanford, más de 700 mil millones de dólares en ventas al año.

No se sabe hasta qué extremo se extenderá la guerra de esta administración contra los inmigrantes. Pero lo que sí es un hecho es que la mala imagen que se ha querido inocular en la conciencia nacional estadounidense desde hace casi cuatro años choca todo el tiempo con la realidad, con ese total de aportaciones que en prácticamente todos los rubros ha hecho esta generación de pobladores foráneos, que solamente han querido abrirse paso de otro modo en sus respectivas experiencias de vida.

¿Fue Estados Unidos su mejor opción? Esa es una moneda que aún permanence en el aire. Al menos hasta noviembre.

David Torres

David Torres