Huir de la desesperanza y llegar a la frontera del rechazo

Huir de la desesperanza y llegar a la frontera del rechazo

David Torres

Era inevitable llegar a esta conclusión: el daño provocado a miles de seres humanos por parte del programa denominado Protocolos de Protección a Migrantes (MPP, por su sigla en inglés) es irreversible. Anunciado el 24 de enero del año pasado por la entonces secretaria del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Kirstjen Nielsen, se preveía ya que dicha política antiinmigrante elaborada irresponsablemente sobre las rodillas detonaría una serie de humillaciones a la dignidad humana, además de poner en riesgo la vida de miles de solicitantes de asilo.

La primera humillación que aún hoy, exactamente un año después, causa estupor fue la decisión unilateral de enviar a los migrantes a esperar una respuesta a territorio mexicano, cuyas autoridades no solamente no se negaron, sino que aceptaron sin miramientos algo que desde cualquier perspectiva se consideró desde el principio como una imposición de la Casa Blanca, para no perder la costumbre de considerar al vecino del sur como el patio trasero de Estados Unidos.

Poco a poco, los testimonios de las familias que eran enviadas a diferentes ciudades mexicanas fronterizas pasaban de la sorpresa al dolor, del desengaño a la desilusión y de la impaciencia a la desesperanza.

Y en medio de todo eso, viviendo a la intemperie, sin la asistencia humanitaria suficiente, padeciendo enfermedades prevenibles, especialmente los menores de edad, pero sobre todo a expensas de las organizaciones de la delincuencia organizada locales, que vieron una mina de oro en el grupo cada vez más nutrido de aspirantes a refugiados.

Ya venían cansados, insultados, agredidos, hambrientos, sedientos y sin asearse debidamente como parte de las caravanas que habían irrumpido públicamente a su paso por territorio centroamericano y mexicano. Y aun cuando la otra política de ‘Tolerancia cero’ ya había causado estragos a otras familias con la separación de sus hijos —una cruel anomalía gubernamental que aún tiene en ascuas a padres que no han podido reunifciarse por al menos dos años con sus pequeños—, las verdaderas intenciones del MPP vinieron a colocar otra pesada losa sobre quienes han buscado la manera de brindar mejores condiciones de vida a sus descendientes, como millones de personas antes que ellos en la historia estadounidense.

Ha sido tan grosera y evidente esta forma de engañar a los migrantes con el MPP, que sus resultados numéricos hablan por sí solos: de las casi 50,000 solicitudes de asilo recibidas hacia septiembre de 2019, solo el 1% habían sido aprobadas. Mientras tanto, la cifra de solicitantes siguió creciendo hasta llegar casi a 60,000.

Aunado a ello, como declaró hace unos días a la Agencia EFE la asesora de la Asociación Americana de Abogados de Inmigración (AILA), Leidy Pérez-Davis, “MPP ha hecho casi imposible que se brinde asistencia legal significativa a los solicitantes de asilo sujetos al programa”.

Pero el contraste más espeluznante es el reporte que en su momento dio a conocer Human Rights First (HRF) dado que una de las razones de esta clase de éxodo migratorio es que se huye de la violencia regional: ha habido más de 800 casos reportados públicamente de secuestro, violación, tortura, asalto y otro tipo de ataques violentos contra solicitantes de asilo y migrantes que son regresados a México. De entre esos casos, fueron detectados 200 secuestros o intentos de secuestros de migrantes menores de edad.

Pero HRF aclara que esos datos pueden ser apenas la punta del iceberg de esta crisis humanitaria en la frontera México-Estados Unidos, pues la inmensa mayoría de retornados no fueron entrevistados, ni por investigadores, ni por periodistas. Abrumados, vilipendiados, ofendidos, se fueron a sus países con un cúmulo de agresiones de las que psicológicamente les será difícil desprenderse por el resto de sus vidas.

En efecto, MPP ha sido un rotundo fracaso en el terreno humanitario que pone en entredicho la imagen de un país que había luchado por los derechos civiles en algún momento no muy lejano de su historia contemporánea, pero que definitivamente retrata de cuerpo entero a un gobierno que con seguridad sí considera un éxito esta política migratoria con la que se ha deleitado viendo sufrir hasta lo indecible a miles de migrantes que, desde una perspectiva xenófoba, discriminatoria y racista, no quiere ver aquí. Puede decirse, entonces, que por sus resultados, el programa Protocolos de Protección a Migrantes es cualquier cosa, menos “protector de migrantes”.

Tal parece que por el momento todos los accesos a la otrora tierra prometida y de las libertades están cerrados para quienes huyen precisamente de la desesperanza.

David Torres

David Torres