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China crece por más que no quiera

Estas cifras ponen a China muy cerca de ser la tercera economía mundial, lugar que actualmente ocupa Alemania y que es superado por Estados Unidos y Japón.

Si continúa a este ritmo, la nación asiática se convertiría en la primera economía del mundo en el año 2040.

Las inversiones y las exportaciones son la principal causa de tan rápido crecimiento.

Aunque los números resultan alentadores, el gobierno chino ha tomado medidas para limitar el ritmo desenfrenado de crecimiento y lograr un desarrollo sustentable.

Pekín no quiere que el reparto de la riqueza sea desbalanceado, y una expansión tan rápida puede resultar insostenible.

Desarrollo sustentable

Según un experto de negocios en China, dada la rapidez del crecimiento, el costo económico en el orden ambiental y de salud pública no ha sido debidamente registrado.

El progreso chino repite el fenómeno que se dio en Japón en los años ’50 y en Corea del Sur en la década de los ’70.

La diferencia radica en el número de habitantes y en el impacto que esto produce en el resto de la economía mundial.

Como ejemplo se puede citar el campo energético, que es uno de los que siente con más fuerza el peso de China.

En 1996 China importó 20 millones de toneladas de petróleo, una década después la cifra subió a 150 millones y se espera que para el 2020 su demanda se incremente en un 150%.

Aunque las estadísticas demuestran una expansión espectacular, el ingreso «per capita» (por habitante) de los chinos se mantiene al mismo nivel de una economía en desarrollo, como Jordania o Guatemala.

El peso de la economía China radica en el gran tamaño de su población.

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