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Angelique Boyer enfrenta una prueba de fuego

Hace 15 años una niña rubia, de raíz francesa pero criada en México, soñaba con ser una artista famosa. Veía a Thalía y Lucero conquistar la televisión y la radio mexicanas y soñaba con, algún día, estar a la misma altura. Hoy esa niña ya es toda una mujer, que si bien ya no es rubia si se ha convertido en uno de los rostros más conocidos de la pantalla chica, gracias a su trabajo en melodramas como Rebelde y luego su papel estelar en Teresa.

Boyer bien podría seguir trabajando en televisión, donde las solicitudes para que se incorpore como protagonista a alguna novela literalmente “le llueven”. Sin embargo, la joven decidió darle una vuelta de tuerca a su carrera y, en lugar de ir por el camino fácil, tomó el reto de entrar el teatro como parte de la puesta Ausencia de Dios, donde comparte escenario con las primeras actrices Raquel Olmedo y Jacqueline Andere.

Ausencia de Dios llega a Guadalajara los próximos días 20 y 21 de julio, para ofrecer cuatro presentaciones. En una entrevista, Angelique se confiesa ansiosa por enfrentar al público tapatío y demostrar que es mucho más que un rostro que está de moda por las telenovelas.

—En México el teatro más exitoso suele ser el de comedia o musical, pero tú apuestas por una historia mucho más seria, ¿por qué?

—Sí, ha sido difícil de realizar, primero porque elegimos un género que no es sencillo, como el drama, siendo que muchas veces como espectador, y me incluyo, uno va al teatro a desahogarse. Pero lo maravilloso es que en Ausencia de Dios todos los diálogos les llegan a todas las personas, porque está muy bien escrita y dirigida.

—¿Qué encuentras fascinante en la obra?

—Primero, el guión. Es la historia de tres mujeres que son muy diferentes entre sí. Una (Andere) es una psiquiatra que ha tenido muchos conflictos con la iglesia y sus métodos. Luego está una madre superiora (Olmedo), que rompe con el molde de lo que pensamos que es el mundo de las monjas, y Agnes, mi personaje, que es una monja que representa tal vez lo que es la fe más pura, la que no cuestiona tanto los milagros que podemos ver y hacer.

—Siendo una trama que se apoya mucho en los diálogos entre tres personajes solamente, ¿les costó trabajo “agarrar” el tono que buscaban para contar la historia?

—Es una historia difícil de contar, cierto, pero para eso hemos trabajado mucho durante tres meses de ensayos. Otro elemento a nuestro favor es que para darle profundidad tuvimos a nuestro lado al director Salvador Garcini, un gran profesional que en algún momento de su vida estudió teología y creo que nadie mejor que él nos podía dirigir.

“Hasta hoy, creo que cada día hemos mejorado y como actrices le seguimos descubriendo cosas a la trama, que es además para todos los integrantes de la familia. Yo en especial la recomiendo a partir de los 15 años, porque tiene diálogos profundos sobre cosas que se comienzan a vivir a esa edad”.

—¿Encontraste en el teatro el reto que buscabas como actriz?

—Yo llego al escenario cobijada por grandes actrices, con una puesta en escena que es una delicia y que me da el reto de hacerla dos veces al día todos los días. En el teatro he descubierto muchas cosas de mi como mujer.

“El desarrollo de la psicología de un personaje toma mucho más tiempo y dedicación en el teatro, aunque ojo, no se puede demeritar ni el cine ni la televisión. Cada una presenta sus retos y maravillas”.

—¿Te animarías a combinar la obra con una novela?

—Siempre admiré a los compañeros que sufrían en la locación de la novela porque se tenían que ir a trabajar al teatro. No me quería arriesgar a eso porque hasta ahora no había hecho teatro, y esperé hasta que llegó una propuesta seria, algo que fuera un reto para mí. Estoy dedicada a la obra al cien por ciento y no me gustaría compaginarla con nada más de momento. El día de mañana puede que elija una obra más sencilla, pero, de momento, no.

—Para muchos, Teresa te abrió las puertas de la popularidad masiva, ¿qué significa Ausencia de Dios en tu trayectoria?

—Es uno de los momentos más importantes de mi carrera; las personas que me vienen a ver al teatro se merecen mi entrega al máximo. Me siento bendecida por Dios al tener lo que he tenido en mi carrera a lo largo de estos años y puedo afirmar que los sueños sí se hacen realidad. A cualquier persona que se proponga realizar lo que desee, con trabajo, profesionalismo y humildad se le abren las puertas, siempre que no se pierda el piso, no confiarse y no conformarse. La ambición es buena si sirve como aliento para llegar a la meta.

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